Imagen: Dubravko Sorić

El virus de inmunodeficiencia felina tiene graves consecuencias sobre el funcionamiento del sistema inmunológico del gato, ya que deja las puertas abiertas a virus y bacterias. La inmunodeficiencia felina es una enfermedad infecciosa y crónica. A continuación se explica cómo sufren los gatos esta enfermedad, cómo prevenirla y cuáles son sus síntomas y tratamiento de la inmunodeficiencia felina.

Inmunodeficiencia felina, una enfermedad del gato

El virus de la inmunodeficiencia felina es contagiado por las mordeduras de un gato enfermo

Los gatos callejeros son los más expuestos a padecer el virus de la inmunodeficiencia felina, debido a sus condiciones de vida más insalubres, a las carencias nutricionales que pueden sufrir y a la exposición al contagio con otros gatos vagabundos. No obstante, los gatos domésticos también pueden resultar atacados por la inmunodeficiencia, aunque esta enfermedad tiene escasa incidencia entre la población de felinos que viven en casas y pisos. El riesgo crece, sin embargo, para aquellos que sí tienen acceso al exterior de la vivienda y, por tanto, pueden entrar en contacto con gatos infectados que les contagien la enfermedad.

Según Tania Velasco, veterinaria especializada en gatos, “la mayoría de las infecciones por virus de la inmunodeficiencia felina se producen por mordeduras entre gatos infectados, debidas a peleas por conseguir hembras en celo”. Este extremo también es confirmado por un estudio universitario que especifica que “los machos de gatos no castrados a los que se les permite salir libremente de casa, especialmente aquellos más agresivos, son los que resultan infectados por el virus de la inmunodeficiencia felina con más frecuencia”. Mientras que los gatos que permanecen siempre dentro de casa son menos proclives a contraer la infección.

Estos expertos explican que alrededor de entre un 1,5 y un 3% de los gatos que parecen saludables han sido infectados del VIF, aunque este porcentaje depende del lugar de estudio. Además, este porcentaje aumenta de manera considerable al estudiar a los gatos con algunos signos clínicos de enfermedad. De hecho, más de un 15% de los gatos con manifestaciones leves de alguna patología asociada a la enfermedad también resultaron estar infectados del VIF.

Sin embargo, en cuanto a la posibilidad de contagio del VIF de un gato a una persona, “la probabilidad es nula, ya que se trata de un virus específico de felinos, que no se produce en humanos”, asegura Imanol Sagarzazu, veterinario.

Inmunodeficiencia felina: ¿cómo reconocerla?

Cuando un gato nuevo llega a una casa donde hay otros felinos “conviene llevar a cabo una prueba para descartar que esté infectado con el virus de la inmunodeficiencia felina”, recomienda Javier Zorriqueta, veterinario. Los gatos que se recogen de la calle son los que tienen más riesgo de padecer la enfermedad, pero de igual manera, si el felino se ha adoptado en un albergue de animales, donde ha estado en contacto con otros congéneres, conviene descartar que padezca inmunodeficiencia felina, y la pueda contagiar al resto de los gatos que vive en la casa.

No hay dos gatos infectados por el VIF con síntomas iguales. La razón es que los signos clínicos varían en función de la enfermedad que padezca el animal, debido a la bajada de sus defensas, como un resfriado, una gastroenteritis, problemas dermatológicos en el felino o incluso varias patologías al mismo tiempo.

Las defensas bajas, característica de los gatos que padecen inmunodeficiencia felina, suelen reflejarse en el estado anímico del felino, de forma que puede estar decaído e inapetente. Otros síntomas que pueden manifestarse son la diarrea persistente, la fiebre, la conjuntivitis o la anemia, aunque la variedad de signos clínicos del gato infectado por el virus es amplia y diversa.

“Los gatos infectados de VIF son susceptibles a padecer cualquier enfermedad”, explica Zorriqueta, “porque sus defensas no resultan efectivas frente a virus, bacterias o parásitos”. Los gatos deprimidos y estresados, así como los cachorros felinos y los animales mayores pueden ser más susceptibles a quedar infectados por el VIF. No obstante, cualquier felino puede resultar contaminado, “ya que se trata de un virus muy potente, frente al que, incluso con las defensas en forma, un gato puede resultar infectado”, comenta Zorriqueta.

Por ello, si los dueños perciben un cambio de comportamiento en el gato, -menos activo, inapetente o que tras superar una enfermedad, recae con facilidad y no responde al tratamiento-, es recomendable acudir al veterinario para realizar un test de anticuerpos del VIF, cuyo coste oscila alrededor de los 30 euros y sirve para determinar si el gato está contaminado del virus.

Vacuna contra la inmunodeficiencia felina

Imagen: Maxwell GS

La mejor defensa contra el VIF es evitar el contacto del gato sano con congéneres infectados con el virus de inmunodeficencia felina. La relación con gatos desconocidos, sobre todo si viven en la calle y no tienen un control sanitario adecuado, puede resultar una vía de contagio para un felino sano.

La esterilización de los gatos es un método que también previene la infección por VIF, porque evita las peleas territoriales entre gatos por las hembras y las escapadas fuera del ámbito doméstico para relacionarse con grupos de congéneres sin control sanitario, que sí puedan estar infectados por el virus.

Aunque no se trata de la panacea, un alimento de buena calidad para el gato (alta gama) está formulado de manera que potencia el funcionamiento eficaz del sistema inmunitario felino. De esta forma, si entra en contacto con el virus, sus defensas pueden crear una barrera más eficaz y no desarrollar la inmunodeficiencia felina o presentar síntomas menos graves.

Pero, ¿existe vacuna contra el virus de la inmunodeficiencia del gato? Esta vacuna no está disponible en Europa, aunque en países como Estados Unidos, Nueva Zelanda, Japón y Australia ya se utiliza. Por ello, de momento, en España la mejor arma contra esta enfermedad crónica que ataca al sistema inmunológico del gato es mantener al animal alejado de los focos de contagio, que provienen de sus propios congéneres infectados.

Autor: Carolina Pinedo                                             Web: www.consumer.es