¿Y qué tal si lo hacemos complicado? Esta es la pregunta que me ha rondado la cabeza al realizar este estudio. Realizando el mismo me di cuenta de que los humanos vamos a lo fácil, a lo sencillo y que sobre todo lo que no nos gusta es complicarnos.

Porque es más fácil coger a un pobre animal indefenso, usarlo tantas veces como se quiera (inyectar directamente en los ojos de animales productos de belleza o higiene, taladran la cabeza hasta llegar al cerebro o abrir un agujero en el estómago de un animal y cultivar dentro de él cualquier tipo de producto químico) y después tirarlo como si fuera basura, en vez de buscar el camino de lo ético y moral.

Por eso me hice la pregunta de ¿qué tal si lo hacemos complicado? Y me di cuenta que ya existen otras alternativas al uso de animales, denominadas “alternativas tecnológicas”. Hay una amplia gama de avances tecnológicos e informáticos en los que un simple ordenador simula la biológica humana y la progresión del desarrollo de enfermedades (Modelo Informático In Silico), estos nuevos modelos pueden predecir de manera precisa las formas en las que los fármacos o productos de estética reaccionaran en el cuerpo humano y así reemplazar el uso de animales en la investigación.

 

Animales de laboratorio

 

De igual modo también pueden hacerse estas pruebas in vitro (Órganos en Chips), estas imitan la estructura y función de los órganos humanos, sustituyéndose en el lugar de los animales en la investigación de enfermedades, prueba de medicamentos, de toxicidad; incluso la réplica de la fisiología humana actúa con mayor precisión que los experimentos en animales.

Todo esto me hizo plantearme una cuestión que aprendí en derecho constitucional, y es poner distintos derechos en una balanza, y ver cuál es más “pesado”; en esa balanza pondremos el delito de maltrato animal y el de prevenir un posible daño en personas. Bien es cierto que los productos que los humanos va a usar o consumir, deben tener una seguridad de que los mismos no van provocar ningún daño en las personas, pero con las alternativas que existen y la suma de lo estipulado en el art. 337 del Código Penal. En lo que extraemos de dicho artículo, el término exacto en dicho delito es de un animal doméstico, pero como la ley va evolucionado y adaptándose a la vida cotidiana, hoy en día tanto conejos como ratas son considerados animales que conviven con los seres humanos, como cuando lo hace un perro o gato, por lo que se consideraría un delito de maltrato animal, o mejor dicho tortura.

La balanza comienza a decantarse, o eso pensaba yo.

Otra de las cuestiones que me planteé si esto se estaba solventando o al menos poniendo medios para evitar esto, y fue cuando encontré que en 2003 se aprobó por la UE la prohibición de testar cosméticos en animales, que se haría efectiva en dos fases, de la que la segunda fase no se hace efectiva hasta marzo de 2013, pero donde la letra pequeña escondía que tres tipos de experimentos con animales eran excluidos de estas prohibiciones (Cruelty free en Europa)

1) Toxicidad reproductiva: conejos y ratas pequeñas son forzadas a ingerir sustancias o se les aplica en su piel afeitada durante 28 o 90 días, luego son sacrificados.

2) Toxicidad reproductiva: conejas y ratas embarazadas son forzadas a ingerir sustancias y así evaluar la toxicidad en sus fetos.

3) Toxicocinética: conejas o ratas pequeñas son forzadas a ingerir sustancias y luego son sacrificadas para examinar sus órganos y ver como ésta destruye sus cuerpos.

Viendo la letra pequeña y los recovecos que la ley permite a este tipo de empresas en el resto del mundo, según Milchelle Thew, CEO de la Organización Cruelty Free Internacional; “A día de hoy, son sometidos más de 115 millones de animales en el mundo a crueles experimentaciones de laboratorios, estimando que diez de los países que más usan animales en experimentos son Estados Unidos, Japón, China, Australia, Francia, Canadá, Reino Unido Alemania, Taiwan y Brasil”

En Europa, solo Francia, Reino Unido y Alemania usan más del 55% del número total de animales utilizados en toda Europa.

Desde 2005 las cifras de animales usados en la experimentación ha aumentado considerablemente:

-España: más de un 51%

-Estonia: más de un 610%

-Irlanda: más de un 197%

-Australia: más de un 32%

-Portugal: más de un 22%

Quizás deberíamos pensar y plantearnos si las leyes que recogen el maltrato o la tortura a animales son leyes que verdaderamente sirven para su cometido o simplemente parches para evitar manifestaciones de los que sí consideramos que otras alternativa existen, que son efectivas; pero también más complicadas y costosas, que coger a un animal que nadie reclamará cuando muera.

 

Autora: Alba Adria Lora Torrecilla    Fuente: Abogacía Española   Web: www.abogacia.es

Abogada Adria Abogados. Miembro de la Comisión de Derecho Animal y Medioambiental del ICA Córdoba