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En general podemos asegurar que los animales de compañía normales y sanos, raramente ayunan por si mismos, y si lo hacen suele ser durante un tiempo muy corto (dos o tres comidas) y por causas más que justificadas (calor, mal estado de los alimentos, alguna patología…).

Es cierto que existen animales (y personas) mejores y peores comedores, y es lógico que algunos propietarios sientan temor por la posibilidad de que su mascota este insuficientemente alimentada; este temor no justifica de modo alguno el ofrecimiento de un sinfín de alimentos en un corto periodo de tiempo: alteraciones digestivas y mayor conflicto de costumbres alimentarias.
El primer punto a tener en cuenta (ayudados por el profesional) es si el peso de nuestra mascota es el correcto a pesar de su “supuesta inapetencia”:

-En la mayoría de los casos el peso es normal e incluso mayor ya que nuestros “inapetentes” amigos se las ingenian para ingerir un numero de calorías superior al necesario mediante robos o “sobornos” a ciertos familiares.

-Algunos animales pueden ayunar un día completo con el fin de mantener su peso óptimo.
-Existen animales que llegan a consumir un 40% menos que hermanos de camada y mantienen el mismo peso y la misma conformación corporal.
-Seremos muy prudentes con los premios y con las golosinas: algunos animales de poco peso, como los pequineses, si llegan a ingerir 5 ó 6 galletitas de unas 100 kcal cada una, ya no necesitarían ningún otro alimento; sus necesidades diarias estarían “más que cubiertas”.
-También puede suceder que el peso de nuestra mascota este realmente por debajo del peso normal, siendo necesario un minucioso examen veterinario para descartar patologías digestivas, renales y dentales (muy frecuentes) que suelen ser las responsables de tan repentinos adelgazamientos. El cuidado dental de rutina es esencial (alimento seco) pues el sarro puede producir dolor dental y un malestar que inhiba la alimentación.

Una vez que descartemos la posibilidad de problemas médicos que influyan en una u otra forma en la ingesta de alimento nos pondremos manos a la obra siguiendo estas sencillas pautas:

1.ELEGIR EL ALIMENTO

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Siempre decimos que debemos comprar el mejor alimento que nos permita nuestro bolsillo (alimentos premium); esto se ve justificado por la correcta formulación, por el equilibrio de los nutrientes y por algo muy importante para evitar el bajo consumo de alimento: estos productos son mucho más apetecibles para los exquisitos paladares de nuestros mejores amigos.
El olor, el sabor, la textura y la temperatura de un alimento se pueden ajustar aun más para estimular a los animales problemáticos.
Los perros prefieren los sabores de las carnes de pollo, vacuno, cerdo o cordero, al sabor de las proteínas vegetales.
También podemos contar algunos “trucos”:

a. Humedecer el alimento con agua caliente; el pienso será mas sabroso y masticable.
b. También podemos calentarlo (no en exceso) para realzar el sabor.
c. Podemos añadir pequeñas cantidades de margarina o aceite vegetal, así como alimento enlatado de gatos (para perros muy conflictivos). Lo malo de estos métodos es que posteriormente debemos “desenganchar” a nuestros amigos de estos “pequeños placeres” .
d. Existen en el mercado alimentos específicamente diseñados para animales activos (performance o alta energía) que suelen dar muy buen resultado en animales inapetentes, nerviosos, remilgados… Estos alimentos, aparte de ser muy apetitosos, nos aseguran una gran ingesta calórica por muy pequeña que sea la cantidad de alimento ingerido.

2.CONOCER LA CANTIDAD DIARIA

A menudo el propietario tiene una idea preconcebida de la cantidad que debe comer su mascota diariamente sin tener en cuenta las referencias del fabricante ni “el importante concepto” de que los alimentos actuales consiguen “grandes efectos” con pequeñas cantidades.
Debemos apoyarnos en las guías alimentarias del fabricante y en el consejo del veterinario; el profesional, observará la evolución del animal en relación a sus “exclusivas” características (edad, actividad, estado sanitario,…), y tras el consumo del alimento durante un plazo “lógico” de tiempo (mínimo un mes) podrá realizar cambios en la dieta, siempre y cuando ello fuera necesario.

3. LIMITAR LOS PREMIOS Y PICOTEOS

Para esto debemos ser fuertes y olvidarnos de “esa carita que nos pone…” Una tal Helen Thomson decía sabiamente: “un perro bien educado no tratará de compartir tu comida, simplemente logrará que te sientas tan culpable que no podrás disfrutarla…”.
Son muy listos… insistirán e insistirán… y si cedemos debemos tener muy claro que estamos perdiendo una importante batalla que perjudicara la salud y la educación de nuestro amigo.
Una buena alternativa cuando se acerca a pedir es obligarle a ejecutar una orden (siéntate, túmbate,…) y recompensarle con caricias o con su juguete favorito; con esto el animal “se dará cuenta” de que existe recompensa pero no comida.
Tengamos muy presente que si somos estrictos en muy poco tiempo nuestra mascota comerá perfectamente.

COME MUCHO…

Salvo contadas excepciones (patologías hormonales principalmente), un perro “tragón” no nace, ¡¡se hace!! ; como casi todos los defectos y malas costumbres de nuestros animales de compañía, el ser un “tragaldabas” no surge de forma espontánea, es el lógico desenlace tras una serie de incorrectas actuaciones del propietario.
Esta fijación hacia el alimento tiene como consecuencia múltiples problemas: robos, “perro basurero” (el animal se mete en la boca todo lo que encuentra a su alcance), patologías digestivas por ingestión de alimentos o productos en mal estado y la inevitable obesidad como consecuencia de una mayor entrada de alimento de la necesaria para el desarrollo de una vida normal.

PERROS “LADRONZUELOS”

El animal no roba porque le apetezca, sino como resultado de una conducta aprendida; puede no tener necesidad si su alimentación es adecuada, pero si le hemos condicionado a que fuera de las horas de comida le damos de todo, intentará hacer lo mismo cuando le venga en gana, siempre y cuando tenga productos a mano. Esta conducta sólo acarrea disgustos: vómitos, diarreas, e incluso en casos más graves el necesario paso por el quirófano para extraer un cuerpo extraño. ¿Cómo evitarlo? Lo más lógico sería no acostumbrar a nuestra mascota a comer a deshoras, algo sencillo si lo hacemos desde cachorro. Pero…si lo hicimos mal y nuestro perro presenta esta conducta, ¿qué debemos hacer?; lo mejor será seguir estas sencillas pautas:

– Evitar las tentaciones, no dejando al alcance del animal alimentos, objetos ni basuras.
– Ser estrictos con los horarios de comida. El animal come su comida y a las horas marcadas.
– El bozal será un método represivo muy útil y lo usaremos cuando pillemos al animal “in fraganti”, intentando apropiarse de algo que no debe. No es adecuado el uso continuo del bozal, ya que pierde gran parte de su efectividad.
– Mantener alejado al perro del comedor y de la cocina en los momentos en los que comemos y en los que preparamos nuestras comidas.

PERROS “ABURRIDOS”

El sedentarismo de nuestras mascotas es, por desgracia, un hecho bastante frecuente. Son
habituales los casos del perro que sale a la calle con el tiempo justo de aliviar su organismo. Con ello conseguimos un animal cada vez más desinteresado por una serie de actividades (paseo, juego, ejercicio…) y prácticamente obsesionado por la alimentación.
Es algo totalmente admitido en el género humano que el aburrimiento y el sedentarismosuelen combatirse con frecuentes escapadas a la nevera. En nuestros perros, esta falta de motivación también provoca un mayor interés por el alimento que desencadenará un lógico aumento de peso debido al nuevo vicio aprendido: comer, comer, comer, comer…
Este animal se convierte en un “especialista pedigüeño”, no sólo por el interés hacia la comida, sino por el interés al único acto de cariño que le muestra su propietario. Es importante tener presente este punto; nuestras mascotas no sólo aceptan lo que les ofrecemos como una respuesta a su apetito, en muchas ocasiones la aceptación del premio, picoteo o alimento es una respuesta agradecida a una de las muestras de cariño del propietario. ¿Solución?: evidente, dedicar el tiempo suficiente a los juegos, salidas y ejercicio de nuestra mascota; con ello no tendremos que suplir estos necesarios actos por excesos nutricionales.

PERROS “TRAGONES”

¿Puede un perro ser tragón?… es posible, pero como es lógico entender, el perro comerá mucho si dispone de mucha comida (por el momento no se conoce ningún perro con la capacidad de ir a la compra y servirse la cantidad que le apetezca). Los excesosalimentarios más frecuentes vienen dados por los siguientes comportamientos del propietario:

– Alimentar a libre disposición a aquellos animales que comen con mucha rapidez o que no controlan su límite.
– Complementar la dosis diaria de alimento con sobras de nuestra comida o con añadidos alimentarios de dudosa eficacia y gran perjuicio.
– Utilización de alimentos inadecuados para la edad, estado o actividad de nuestra mascota.

Las soluciones a estos frecuentes errores son sencillas:

– Controlar la cantidad de alimento diario.
– No complementar el alimento.
– Utilizar un alimento adecuado para la edad, estado y actividad de nuestra mascota.

 

Web: www.mascoteros.com