La depredación es un tipo de interacción ecológica en la que un animal –el depredador– caza a otro animal de una especie distinta –la presa– para alimentarse. Esta relación biológica, que determina inexorablemente la muerte de una de las partes implicadas (la presa), es también una de las causas del histórico conflicto entre el hombre y los grandes carnívoros en todo el mundo.

En áreas geográficas en las que un gran depredador coexiste con la cabaña ganadera que se cría en extensivo, éste puede ver en el ganado una “presa fácil” de la que alimentarse, causando daños al sector ganadero. La percepción del carnívoro como una amenaza desencadena la persecución de la especie, lo que puede generar problemas serios de conservación, no solo para el carnívoro en cuestión, sino para todo el ecosistema del que forma parte y su red trófica.

En buena parte del mundo occidental, también en España, el protagonista no humano de este conflicto está representado por el lobo (Canis lupus). Hasta hace unas pocas décadas, el objetivo de los ganaderos y una parte de la sociedad rural era exterminar a los lobos. Tal fue la intensidad de su persecución en España, donde la especie estuvo a punto de desaparecer, que el maestro Félix Rodríguez de la Fuente le puso el sobrenombre de “el gran proscrito”. Afortunadamente, gracias el propio Félix, esta corriente destructiva ha ido cambiando poco a poco y, en la actualidad, la resolución de este conflicto pasa por alcanzar un equilibrio que permita la necesaria coexistencia entre el ser humano, su actividad ganadera y el lobo.

 

Lobo ibérico
El lobo ibérico y la presión depredadora que ejerce sobre la cabaña ganadera en extensivo es un clásico ejemplo del histórico conflicto entre el hombre y un gran carnívoro en España

 

Obviamente, esto requiere desviar el interés de los grandes carnívoros de atacar al ganado que se cría en extensivo. La escasa efectividad, los efectos negativos colaterales y el rechazo social del control letal de depredadores –ya sea por medios legales, como la caza; o ilegales, como el uso de veneno– ha originado un interés creciente por el uso de estrategias no letales para gestionar la depredación.

Tradicionalmente, esto ha requerido vigilar y guardar el ganado, así como el uso de perros guardianes. Otros métodos más modernos incluyen el uso de cercas eléctricas o de dispositivos de disuasión auditiva. En todos los casos, se trata de enfoques que incorporan un aumento de la aceptabilidad social del manejo de depredadores en términos éticos y de bienestar. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que, en muchos casos, la efectividad de estas intervenciones disuasorias es también limitada y/o su implementación es muy difícil o costosa, especialmente en áreas remotas.

Una alternativa prometedora podría estar en la aplicación de técnicas de aversión condicionada a la presa, que consisten en usar sustancias químicas en la presa (o en un sucedáneo de esta) que produzcan un efecto adverso desagradable –tipo vómitos, nauseas y/o diarrea– en el depredador, de modo que éste aprenda a rechazar esta presa en encuentros posteriores al asociarla con un sabor o un olor que le genera malestar. Se trata de desencadenar un mecanismo de supervivencia natural que muchos depredadores desarrollan para evitar el consumo de alimentos tóxicos o en mal estado una vez que han tenido una primera mala experiencia.

Científicos del Grupo de Gestión de Recursos Cinegéticos y Fauna Silvestre y del Grupo de Toxicología de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM), en colaboración con otras instituciones científicas, han avanzado en el desarrollo de la aversión condicionada a la presa como una herramienta no letal para el control de la depredación.

De momento, han conseguido aplicarla con éxito para proteger los nidos de perdiz roja u otras aves que nidifican en el suelo de la depredación por zorro mediante la inducción de una aversión al sabor, y para reducir la incidencia de la depredación del zorro sobre el conejo de monte durante las translocaciones mediante la inducción de una aversión al olor. Los buenos resultados obtenidos les llevó a plantearse si la aversión condicionada a la presa podría ser usada para prevenir la depredación del lobo sobre el ganado, contribuyendo de este modo a garantizar su coexistencia con la actividad ganadera y, con ello, la conservación del cánido.

Para resolver esta cuestión, los investigadores del IREC, en este caso en colaboración con científicos de la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad (UMIB-CSIC) de la Universidad de Oviedo y del Parque Zoológico de Córdoba, han estudiado el potencial de la aversión condicionada a la presa mediante la inducción de una aversión al olor de forma experimental, con lobos cautivos, como un primer paso hacia el desarrollo de futuras intervenciones en campo destinadas a reducir la depredación del ganado por parte del lobo.

Lobo ibérico
Uno de los lobos ibéricos del Parque Zoológico de Córdoba usados en el experimento

Los investigadores indujeron aversión al olor a 5 lobos del Parque Zoológico de Córdoba, utilizando para ello carne de muflón con una sustancia química antiparasitaria que provoca un efecto desagradable al ser consumida y olor a vainilla. Los resultados obtenidos mostraron que, con tan solo una exposición puntual al antiparasitario, 4 de los 5 lobos utilizados en el experimento desarrollaron aversión a la carne de muflón durante al menos un mes. Estos animales aprendieron que consumir carne con olor a vainilla les provocaba malestar, por lo que eligieron no consumirla en encuentros posteriores durante al menos un mes, cuando la carne en realidad ya no contenía el antiparasitario.

Transcurrido este tiempo, los investigadores redujeron la cantidad de olor a vainilla al alimentar a los lobos con la misma carne de muflón, lo que provocó que 2 de los lobos que habían desarrollado aversión volvieran a consumir la carne. Esto indica que el mantenimiento de la aversión condicionada a la presa mediante una señal de olor depende de la presencia de ese olor.

 

Lobo ibérico
Resumen gráfico del trabajo de investigación

 

Este trabajo de investigación demuestra que el uso de la aversión condicionada a la presa mediante una señal de olor podría utilizarse de varias maneras para proteger al ganado del lobo. Por un lado, podría permitir la creación de una “zona de amortiguación” con el olor para proteger al ganado en áreas cercadas. No obstante, esta estrategia podría tener que limitarse solo a las explotaciones con alta frecuencia de ataques, debido a la dificultad de aplicarla a todas las explotaciones sujetas a riesgo, especialmente en sistemas ganaderos complejos. Este método puede resultar seguro para el depredador porque el propio efecto aversivo hace que no se produzcan ingestiones repetidas del cebo con el antiparasitario.

Por otro lado, la aversión condicionada a la presa podría usarse en casos muy concretos para proteger a animales de alto valor que se encuentran en extensivo, colocándoles un dispositivo (por ejemplo, un collar) que pueda desprender el olor al que se ha generado la aversión. El desarrollo de un dispositivo de este tipo, con bajo mantenimiento y un olor fácilmente recargable, puede ser esencial para la implementación de la aversión condicionada al olor en ganado en libertad en áreas remotas.

El desarrollo de esta técnica requiere de su testado en condiciones de campo para determinar si efectivamente puede ser una herramienta que se sume al “kit” de intervenciones no letales orientadas a minimizar la presión depredadora del lobo sobre el ganado. Además, su estudio en campo tiene el potencial de ofrecer otros posibles usos en el ámbito de la conservación y el manejo de la fauna silvestre.

Puedes consultar la publicación científica de este trabajo de investigación en:

 

Web: IREC