La Pararge aegeria, conocida comúnmente como mariposa ondulada, ha sido proclamada “Mariposa del Año 2026” por la asociación ZERYNTHIA tras obtener el 29,4 % de los votos en una convocatoria participativa que también contó con especies de gran valor ecológico.
Entre las candidatas se encontraban la Hyles dahlii (16,8 %), la Pseudochazara williamsi (24,9 %) y la Gonepteryx cleobule (28,9 %), esta última prácticamente empatada con la ganadora. Todas ellas representan distintos retos de conservación vinculados a la fragmentación del hábitat, la presión urbanística y el impacto de determinadas prácticas agrícolas y forestales.
Una mariposa común que necesita atención
A diferencia de otras ediciones, en esta ocasión no se ha elegido un endemismo extremadamente localizado ni una especie rara asociada a hábitats muy específicos. La mariposa ondulada es un lepidóptero relativamente frecuente en senderos forestales, riberas arboladas, parques urbanos naturalizados y caminos rurales de buena parte de la Península.
Con esta designación, ZERYNTHIA busca poner en valor la biodiversidad cotidiana, aquella con la que convivimos a diario y que muchas veces damos por segura. Sin embargo, incluso las especies comunes pueden experimentar descensos significativos si se mantienen prácticas que deterioran sus hábitats.
Distribución y hábitat
Pararge aegeria presenta una amplia distribución paleártica. Se encuentra en el norte de África, la península ibérica, gran parte de Europa central y meridional, Asia central e incluso Japón.
En España está presente en toda la Península, Baleares, Ceuta y Melilla. No habita en Canarias, donde el género Pararge está representado por endemismos insulares.
Su hábitat ideal combina luz y sombra: claros y orlas de bosque, setos, vaguadas húmedas, linderos agrícolas y jardines urbanos con vegetación estructurada. Esta preferencia por ambientes seminaturales la convierte en un excelente indicador de la calidad ecológica del entorno.
Ciclo biológico y alimentación
Los adultos pueden observarse desde febrero hasta noviembre, dependiendo de la zona y las condiciones climáticas. La especie puede hibernar tanto en fase de oruga como de pupa, lo que permite una emergencia escalonada y una presencia prolongada durante gran parte del año.
Las orugas se alimentan de diversas gramíneas que crecen en espacios frecuentemente considerados “secundarios” desde el punto de vista paisajístico: cunetas, bordes de caminos, taludes, herbazales urbanos y periurbanos. Precisamente estos enclaves desempeñan un papel fundamental como reservorios de biodiversidad.
Principales amenazas
Aunque no figura actualmente como especie amenazada, la mariposa ondulada enfrenta riesgos crecientes:
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Uso sistemático de herbicidas que eliminan sus plantas nutricias.
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Aplicación de pesticidas que reducen la supervivencia de orugas y otros invertebrados.
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Desbroces y “limpiezas” mal planificadas que suprimen refugios y recursos en momentos críticos del ciclo biológico.
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Incendios forestales de alta intensidad que alteran la estructura del sotobosque y los corredores ecológicos durante largos periodos.
Estas amenazas no afectan únicamente a Pararge aegeria, sino a numerosas especies de mariposas diurnas y nocturnas consideradas comunes.
Comportamiento y curiosidades
Desde el punto de vista etológico, se trata de una especie muy interesante para la observación:
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Los machos muestran una marcada territorialidad, defendiendo claros forestales frente a otros individuos.
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Las hembras pueden recurrir a la tanatosis (simulación de muerte) cuando no están receptivas ante intentos de apareamiento.
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Aunque visitan flores de forma puntual, es habitual verlas alimentándose en frutas maduras caídas al suelo, especialmente ciruelas.
Estos rasgos la convierten en una excelente embajadora para la divulgación y la educación ambiental.
Una oportunidad para reflexionar en 2026
La elección de la mariposa ondulada como “Mariposa del Año 2026” pretende impulsar una reflexión sobre:
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El uso de herbicidas y pesticidas.
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El diseño de espacios urbanos más compatibles con la fauna invertebrada.
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La gestión ecológica de cunetas y zonas verdes como auténticos reservorios de biodiversidad.
Medidas sencillas en el entorno cotidiano pueden tener un impacto significativo en la conservación de especies que forman parte de nuestra biodiversidad más cercana.