Cotorra de Kramer, foto propiedad de: animalls.net

A la hora de alimentar a nuestros loros además de saber que tipo de semillas, vegetales y frutas van a ingerir también debemos tener una somera idea de el por qué suministramos este o el otro alimento y por que es tan importante en una época u otra del año. Esto lo conoceremos estudiando un poco la composición de los alimentos y como influyen los distintos elementos esenciales que los componen en el desarrollo diario de nuestras mascotas. Los cuatro elementos esenciales que van a formar parte de la composición de los alimentos y que serán fundamentales en sus justas proporciones a la hora de mantener sanas a nuestras psitácidas son:

Proteínas
Son macromoléculas se elevado peso molecular integradas por aminoácidos, que pueden estar constituidas por más de una cadena polipeptídica. Influyen de manera decisiva en la formación de tejidos, como el muscular, y en la regeneración (previene la degeneración celular) y renovación de estos, por lo tanto en el crecimiento, formación y mantenimiento del cuerpo. Proporcionan una fuente de aminoácidos esenciales (que los animales no pueden sintetizar y han de ingerir en la dieta). También realizarán una función secundaria destinada a proporcionar calor y energía al organismo, aunque este cometido es más propio tanto de grasas o lípidos, como de los hidratos de carbono. Una dieta baja en proteínas puede acarrear graves problemas a los juveniles en crecimiento así como a animales que hayan sufrido algún percance y se encuentren en periodo de recuperación, sin olvidar a los individuos adultos sanos que no cuenten con el suministro diario que necesitan para cubrir sus necesidades. Aproximadamente durante la cría las psitácidas requieren una proporción de proteína en los alimentos ingeridos de aproximadamente el 18 % de la dieta suministrada, y en condiciones normales tenemos que indicar que cada especie de loro según sus costumbres naturales y demás requerimientos específicos, necesitan una mayor o menor cantidad de proteínas. Por ejemplo, pondremos el caso de los periquitos que se alimentan en el suelo, como son los Australianos que necesitan una menor cantidad de proteína de alta calidad que otras especies. Otro de los momentos durante el cual las aves necesitan un aporte extra de proteína es durante la época de muda.

Hidratos de carbono
También conocidos como azucares o glúcidos, son compuestos que contienen carbono combinado con oxígeno en una proporción 1:2:1. La proporción relativa entre el oxígeno y el hidrógeno coincide con la del agua, de ahí la denominación genérica de hidratos de carbono. Su principal función es la de producir la energía necesaria para la realización de distintas funciones corporales, además de para el mantenimiento y generación de calor corporal. Esta energía se producirá fundamentalmente después del proceso digestivo. Las mayores fuentes de hidratos de carbono son el azúcar, la fécula, y la fibra.

Grasas y aceites
Su principal función será, al igual que los hidratos de carbono, la de producir energía (para el vuelo, los movimientos a realizar, etc.) y calor corporal, pero las grasas en cambio, se encargarán de la producción de energía a más largo plazo, siendo los hidratos de carbono los primeros y los que más rápidamente pueden suministrarnos la energía necesaria en un momento puntual. Existen también ácidos grasos esenciales que han de ingerirse con la dieta, y la absorción de las proteínas liposolubles (A, D, E…) está relacionada con la presencia de grasas en la dieta. Las grasas también van a tener la función de acumular reservas energéticas para aquellas épocas en las que el ave lo requiera. Por eso es tan importante incrementar la proporción se semillas grasas u oleaginosas en todas aquellas psitácidas que se encuentren expuestas a cambios de temperaturas o para aquellas que vivan en el exterior. Hay autores que afirman incluso que es recomendable la colocación de un trozo de sebo desde septiembre hasta finales de abril o principios de mayo (según las temperaturas reinantes en cada zona), para que las aves que viven en recintos exteriores puedan disponer continuamente de una fuente de grasas a su antojo y según sus necesidades. Además este elemento desempeñará una función aislante (ayuda a guardar el calor corporal) y estructural. Es así mismo conocido que determinados elementos presentes en las grasas, como son los ácidos grasos, intervienen en la adecuada conservación del plumaje.

Vitaminas
Las podemos clasificar dentro de dos grandes grupos, las hidrosolubres y las liposolubles. Las primeras se pueden disolver en agua y por lo tanto un suministro excesivo de este tipo de vitaminas será eliminado sin mayores problemas por el ave a través de las deposiciones. En cambio, en las liposolubles (solubles en grasa), aquellas que sobrepasen las necesidades corporales de nuestros loros se acumularán en el organismo pudiendo causar varios trastornos. Las vitaminas liposolubles son la A, D, E y K, además de la coenzima Q y F. Las vitaminas hidrosolubles son la B1, B2, B6, B12, G, Acido pantoténico, Biotina, Acido Fólico, Acido Ascórbico.

Vitamina A
Influye en el crecimiento, la regeneración y el mantenimiento en buen estado de salud tanto del tejido dérmico como de las plumas (en general de todos los epitelios). Además est directamente relacionada con los procesos de visión. La podemos encontrar en abundancia en el maíz, verduras, en las zanahorias y en el germen de trigo.

Vitaminas del complejo B
Intervienen en multitud e procesos como son la digestión de los hidratos de carbono, favorecer el crecimiento, formación de los glóbulos rojos, trasmisión neuronal. La podemos encontrar en las levaduras (la levadura de cerveza rica en riboflavina o vitamina B2,) por tanto la suministraremos con alimentos como el pan integral, en la leche, en las verduras y también está presente en las semillas germinadas, en la carne y los huevos.
Es el complejo vitamínico que más frecuentemente se relaciona con problemas de hipovitaminosis en las aves. Hay individuos que presentando una carencia de esta vitamina ingieren sus propios excrementos para incorporarla a su organismo.

Vitamina C
Incrementa la resistencia de las aves a las enfermedades, es un antioxidante natural e interviene en la regeneración de los epitelios. Está presente en los cítricos como las naranjas, mandarinas, limones, pomelo y en el kiwi (en grandes cantidades). El organismo de las aves es capaz de sintetizar esta vitamina, con lo que es difícil su deficiencia.

Vitamina D
Esta vitamina también la produce el organismo de las aves siempre y cuando estas estén en contacto directo con la luz del sol y la radiación UV que este emite. También abunda en la leche y en el aceite de hígado de bacalao, entre otros alimentos. Es un elemento esencial que actúa en el crecimiento y en el desarrollo de la estructura ósea.

Vitamina E
Interviene en los procesos reproductivos incrementando la fertilidad, y tambien tiene una importante actividad antioxidante. Aparece en las semillas germinadas, sobre todo en las de trigo.

Vitamina K
Se encuentra en el hígado, en las legumbres, además de en las raíces de soja y en las partes verdes de las plantas. Interviene de manera decisiva en el funcionamiento hígado, así como en el proceso de coagulación de la sangre. Para especies de loros como los eclectus y algunas de las especies procedentes de América del Sur, necesitan para mantenerse en buenas condiciones de salud que les proporcionemos grandes cantidades de vitaminas a través de la alimentación. La falta de vitaminas les puede provocar candidiasis o moniliasis, que se manifestará con la presencia de hinchazones y bultos, por debajo del pico, en especial debajo de la mandíbula inferior. A las aves en las que aparezcan estos síntomas se les debe de proporcionar de inmediato frutas y verduras frescas, zanahorias y maíz. Existen infinidad de preparados comerciales destinados a suplementar el aporte de vitaminas ingeridas por nuestras aves a través de su dieta , pero en ningún momento debemos de abusar de estos, ni pensar que nos sirven para abaratar los costes de alimentación de nuestros loros; tanto vitaminas, minerales como los demás elementos necesarios para nuestras aves tienen que proporcionarse a través de una dieta equilibrada y en ningún momento a través de preparados comerciales. Si lo hacemos así es que no les estamos proporcionando los cuidados necesarios a nuestras mascotas. Debemos de indicar, así mismo, que todos los complejos vitamínicos comerciales no deben de ser emplazados durante su almacenaje en un lugar sobre el que incidan directamente los rayos de sol; en presencia de la luz estos compuestos se deterioran con facilidad y pierden sus propiedades. Hay que recalcar asi mismo, que si bien las vitaminas son necesarias para un adecuado estado de salud de nuestras aves, el exceso de las mismas, en especial las del grupo de las liposolubles (Ay D sobre todo) tiene efectos negativos para el organismo. Vitaminas si, pero en su justa proporción, y siempre que sea posible de manera natural, es decir, a través de una dieta rica, equilibrada y variada. Hay muchos aficionados que , por sus composición, emplean el aceite de hígado de bacalao mezclado con las semillas como complemento vitamínico. Esta es una buena opción teniendo en cuenta siempre que esta substancia pierde rápidamente sus propiedades por lo que debemos de poner especial cuidado en regar solo las semillas que las psitácidas vallan a ingerir en ese momento o estaremos perdiendo el tiempo.

Minerales
Los minerales contribuyen a la realización de innumerables funciones dentro del organismo de las aves, resultando de especial importancia para los individuos juveniles en crecimiento. Cada compuesto influirá de manera necesaria en la realización de una función orgánica de tal forma que la falta de alguna de estas sustancias en el organismo de nuestras mascotas puede provocar serias alteraciones en el organismo. Algunos de los más importantes son el calcio, el fósforo, sodio, potasio, magnesio… Entre otras funciones intervendrán en del formación normal del esqueleto, en el desarrollo metabólico correcto, en el crecimiento y sustitución de los tejidos, regulación de la presión osmótica de la sangre, en la sangre y linfa se encargarán de regular el ph (sodio y potasio), transporte de oxígeno, producción de glóbulos rojos, en el crecimiento y desarrollo de los individuos (la falta de magnesio privará a nuestras aves de un plumaje tupido, brillante y colorido), producción de hemoglobina (hierro y cobre), protección frente a determinados parásitos (potasio, sodio, calcio y hierro), liberación de anhídrido carbónico en la combustión de los alimentos, además de participar en el funcionamiento de glándulas y órganos internos. Algunos de estos minerales pueden ser suministrados a nuestras aves a través de la alimentación o compuestos ya preparados para tal objeto; el calcio será adicionado al organismo de nuestras mascotas preferiblemente a través de formas fácilmente asimilables biológicamente (glutamato de calcio) o en forma mineral (conchilla para la molleja, cáscara de huevo triturada o el fosfato de calcio, el fósforo también a través del fosfato de calcio, las verduras y las proteínas animales, el potasio con la ingesta de frutas (el plátano es muy rico en este mineral), pan remojado en leche y queso entre otros alimentos, magnesio en el trigo y las nueces, el hierro en las legumbres, la clara de huevo y la comida de cría, … Todos estos elementos deberán ser suministrados a través de la alimentación en unas proporciones adecuadas para garantizar la salud de nuestros papagayos. En la siguiente entrega referente a la alimentación de las psitácidas trataremos más a fondo los distintos tipos de semillas que les podemos suministrar, así como varias dietas sugeridas por distintos autores para suministrar a los loros una dieta equilibrada.