Algunas especies de grillos evitarían cantar en ciertas fases lunares como mecanismo de defensa frente a depredadores que cazan cuando hay más luz

Después de estudiar 2.900 grabaciones realizadas durante dos meses (mediante la plataforma RFCx Arbimon) se definieron los fonotopos, es decir cómo suena cada animal, y se encontró una correlación significativa de la actividad acústica con el brillo lunar en la familia Tettigoniidae, lo cual significa que estos grillos presentan fobia lunar, por lo cual reducen su actividad con el aumento del brillo de la Luna, tal vez como una respuesta para evitar su depredación.

Por su parte los Gryllidae –otra de las familias estudiadas– no tienen fobia lunar, lo cual obedecería a que son más crípticos y escurridizos, mientras los Tettigoniidae están en lugares mucho más expuestos para cantar.

 

Grillo

 

En el estudio, realizado por el biólogo Diego Alejandro Gómez, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se identificaron siete especies de grillos –dos Gryllidae (grillos) y cinco Tettigoniidae (saltamontes longicornios)–, para los cuales se describió el canto de llamado, horario de actividad e historia natural.

Se encontró, por ejemplo, que la mayoría canta después de las 6 de la tarde, dos viven en arbustos, uno en pastos y tres en árboles, a excepción del “maraquero”, que en ocasiones también canta durante el día.

En la investigación se halló un solape o superposición significativa en dos especies, Neoconocephalus sp. y “guacharaquero”, lo que podría generar interferencia en el canto.

Se encontró además que todas las especies de ese lugar cantan en coro entre las 6.30 y las 7.30 p.m. Después de media noche las temperaturas bajan y los animales cantan menos, ya que necesitan oscuridad y temperaturas altas para cantar.

Distintos tipos de canto

En palabras del biólogo Gómez, la comunicación acústica juega un papel clave en la biología y evolución de estos animales, cuyo canto es prácticamente exclusivo de los machos.

“Existen varios tipos de cantos: los de llamado sirven para atraer a parejas sexuales, los de cortejo invitan a la copulación una vez se localiza esa pareja, y los de lucha, en procesos de despliegue”, explica el biólogo.

Además los cantos tienen un papel en la taxonomía, ya que es común que cuando se encuentran nuevas especies se incluyan características acústicas de estos para diferenciar especies.

Otro papel en el canto de los ortópteros, y de creciente importancia, es el monitoreo acústico de la biodiversidad; gracias a disciplinas como la ecología acústica y la ecología de los paisajes sonoros existen más herramientas de análisis.

Para recolectar los datos se usan grabadoras automáticas que pueden funcionar sin operarios durante meses; la información se puede procesar para extraer información ecológica relevante, y con esa información se pueden definir bioindicadores, especialmente en insectos por su sensibilidad al clima. Entre las ventajas de los monitoreos acústicos están las metodologías de campo menos invasivas, monitoreos constantes y de más largo plazo; estos son más recientes y podrían ayudar a entender cómo coexisten las especies.

Una hipótesis que intenta explicar la coexistencia es la del nicho acústico, que propone que el espacio sonoro es un recurso limitado susceptible de competencia. “Como en una orquesta, en la que para que los sonidos sean claros, los diferentes instrumentos están dispuestos de cierta manera, así también se disponen los cantos animales de una comunidad acústica, separados en frecuencia, tiempo y espacio”, explica el magíster.

Los grillos en Los Tucanes

Lo que se preguntó el investigador fue cuáles especies acústicas componen la comunidad de ortópteros –es decir los grillos– de la Reserva Natural Los Tucanes, ubicada cerca de Chiquinquirá (Boyacá), en la vía que comunica a Gachantivá con Moniquirá, si se sobrelapan y cómo se relaciona la actividad de cada especie con la precipitación, es decir las lluvias y la fase lunar.

El trabajo se dividió en tres fases: primero se instaló una grabadora automática que captaba un minuto cada media hora, luego se hizo buscaron individuos y grabaciones direccionales, es decir apuntando el micrófono a ellos, por último se obtuvieron datos de las lluvias diarias en una estación aledaña y de la fase lunar en calendarios actualizados.

Existe una posible relación de frecuencia del canto con la actividad acústica, por lo que las recomendaciones del investigador para futuros trabajos incluyen recolectar especímenes, y como no se encontró correlación con las lluvias, medir parámetros meteorológicos en el lugar, ya que al usar estaciones aledañas se podría dejar por fuera información del microclima.

Fuente: Dycit