En las vocalizaciones y cantos de la fauna y en las resonancias de la flora residen claves que permiten conocer la identidad de las especies y estudiar profundamente fenómenos relacionados con la biología y conexiones de cada ecosistema

Cierre sus ojos e imagine el canto de un pájaro o el susurro de un riachuelo. En ese eco que llega a su mente viaja la información del individuo o la entidad que la emite. Más allá de la valoración estética o del bienestar que aporten los sonidos, para la ciencia son una herramienta para entrar a conocer asuntos fundamentales como el estado de conservación de un bosque o las interacciones que se dan entre diversas especies.

La percepción humana de los sonidos ha sido categorizada por la ciencia de acuerdo con su procedencia: geofonías —sonidos de la tierra—, antropofonías —ruidos y voces de las personas o de cosas fabricadas por humanos— y biofonías —cantos de la vida que nos circunda—. Estos elementos son estudiados en diferentes dimensiones por la bioacústica o la ecoacústica, que son métodos para entender la biodiversidad desde lo auditivo.

«Como herramienta para explorar particularidades de las especies, sus cantos pueden ayudar a identificar diferencias en su comportamiento. Es como si uno escucha una persona de Pasto y a través de su acento se sabe que no es de Medellín: en el mundo de los anfibios los sonidos nos ayudan a determinar qué especie es y, además, cuándo se está comunicando o reaccionando en un contexto particular», explicó Mauricio Rivera Correa, herpetólogo e investigador del Instituto de Biología, junto a los integrantes del Semillero BIO de la Seccional Oriente, se han dedicado a registrar estos cantos de las ranas para entender sus atributos evolutivos.

Como parte del análisis de los sonidos de las especies se valoran aspectos como la duración y frecuencia de sus voces, desde qué lugar cantan o vocalizan, si el canto tiene una, dos o tres notas y si tiene ritmos. Además del estudio de las especies, también se investigan los paisajes sonoros en los cuales están implicadas.

«Hay que entender la orquesta completa —aseguró Juan Manuel Daza Rojas, líder del Grupo Herpetológico de Antioquia, grupo en categoría A1 de MinCiencias—. Estamos utilizando biofonías —sonido originado por organismos— para entender cómo suena un bosque, un páramo, un bosque perturbado y cómo se conectan estos ecosistemas. No solo nos preguntamos por especies individuales sino por su entorno, con el objetivo de extraer información útil para monitorear y conservar las especies».

Los investigadores coinciden en que cada especie puede tener variaciones en sus vocalizaciones de acuerdo con el contexto medioambiental en el que esté: si hay otros machos cantando, si hace frío, si está en un cortejo, pero el nivel de especialización de los oídos de los investigadores en bioacústica les permite ir más allá de esas variaciones determinando cuándo se trata de una especie diferente.

A través de la bioacústica y la ecoacústica se han desarrollado repositorios, bases de datos, investigaciones y publicaciones por parte de diferentes investigadores de las ciencias exactas y naturales. Estos son algunos de los proyectos liderados por integrantes de la Universidad de Antioquia.

 

El universo sonoro de las aves

 

 Cantos de cucarachero paisa -Thryophilus sernai-. Grupo de Investigación en Ecología y Evolución de Vertebrados, Instituto de Biología.

 

Los usos de la bioacústica en la ornitología han determinado datos relacionados con taxonomía, selección sexual y relaciones filogenéticas. El profesor Héctor Fabio Rivera Gutiérrez ha participado en varios estudios sobre diversidad acústica en las aves, además de otros grupos como ballenas y peces. Ha analizado la variación del canto y su relación con la variación genética en las especies de aves que tienen una amplia distribución, y ha evaluado el papel de la comunicación acústica como una señal de enfermedad, como en el caso del gorrión negrilistado —Arremonopsco nirrostris— y la infección por malaria aviar.

Cucarachero
Cucarachero paisa -Thryophilus sernai-, ilustración de Diego Armando Zapata Zapata para el libro ‘Aves del Cañón del río Cauca’

 

También participó en el monitoreo de las aves en el área de influencia de Hidroituango, en el cual el Grupo Ecología y Evolución de Vertebrados colectó los cantos de más de cien especies de pájaros, así como la «caracterización bioacústica de llamadas de apareamiento de un pez de agua dulce —Prochilodus magdalenae— para monitoreo acústico pasivo».

Además de ser determinantes para la orientación y ecolocalización, las vocalizaciones de los animales mamíferos acuáticos o cetáceos, concretamente del delfín mular, Tursiops truncatus, sirven para la comunicación, el establecimiento de redes sociales y el despliegue de destrezas. La bióloga e investigadora Jessica Patiño Pérez se ha dedicado a estudiar y registrar sus vocalizaciones en las costas de Nueva Zelanda, al ser una de las especies marinas más amenazadas por el turismo a escala internacional.

También ha direccionado su trabajo académico hacia la evaluación de la incidencia del ruido antrópico en los cetáceos para pro poner la creación de políticas públicas que protejan la fauna marina.

Las interacciones sonoras de los anfibios

 

Cantos de la rana Andinobates cassidyhornae. Cortesía Mauricio Rivera Correa

Las ranas son el grupo de anfibios que más sonidos producen: vociferan cuando son depredadas, cuando se dan conflictos entre machos, cuando quieren demarcar un territorio, cuando llueve. «De los 850 anfibios existentes, en Colombia hay 790 anuros ranas —no todas cantan— pero solo 120 especies se han grabado, es decir, conocemos la acústica de solo el 15% de las ranas del segundo país con mayor diversidad de ellas en el mundo».

 

Rana

 

Mauricio Rivera Correa, junto con los estudiantes integrantes del Semillero BIO de la Seccional Oriente, se ha dedicado a registrar estos cantos de las ranas para entender sus atributos evolutivos. Hace parte de varias investigaciones, entre las cuales se destacan: Estado, desarrollo y tendencias de los estudios en acústica de la fauna en Colombia y Biodiversidad de sonidos: documentación de las señales acústicas de los anuros de Colombia. Su objetivo es generar un repositorio de ciencia abierta.

Paisajes acústicos de la herpetología

La experiencia de investigación de Juan Manuel Daza Rojas es en paisajes sonoros colombianos: los bosques, los páramos y las selvas son sus destinos. Aunque ha investigado especies puntuales, su mayor foco de atención está en lo que denomina ‘la orquesta completA’, es decir, las diversas interacciones que se dan en un lugar concreto. Con ello establece estudios sobre la ecología y el estado de conservación de un hábitat, también sobre el bienestar de la fauna que vive en ella.

Sus investigaciones más recientes están relacionadas con la ecoacústica de las selvas tropicales y la biogeografía del bosque seco en Colombia. «¿Cómo una especie de ave responde a la bio o antropofonía? El paisaje sonoro nos ofrece varias respuestas. A veces no eres capaz de observar un animal, pero la grabadora nos dice sí está ahí, y puede dar detalles de, incluso, en qué momento canta»: en este testimonio de Daza Rojas es palpable que, lo que el ojo no ve, puede identificarse a través del sonido.