En Italia se utilizan unidades caninas entrenadas en la detección de la peste porcina africana

En Italia se utilizan unidades caninas entrenadas en la detección de la peste porcina africana

ENCI, con el patrocinio de ISPRA (Instituto Superior de Protección e Investigación Ambiental), LEGAMBIENTE, SIEF (Sociedad Italiana de Ecopatología de la Fauna) y la Universidad Federico II de Nápoles, Departamento de Medicina Veterinaria, está llevando a cabo un proyecto piloto destinado a la formación de parejas perro-guía aptas para la detección de canales de jabalí, para su uso en operaciones de seguimiento, en el marco de los proyectos de prevención y control de la peste porcina africana.

Peste porcina africana

La Peste Porcina Africana (PPA) es una enfermedad vírica altamente contagiosa y letal que afecta a especies animales pertenecientes a la familia de los suidos (cerdos domésticos y especies salvajes). Actualmente no hay vacuna disponible.

La enfermedad no es transmisible a humanos ni a perros, aunque ambos pueden representar un vector pasivo de transmisión indirecta de la enfermedad.

Sobre la base de experiencias nacionales (Cerdeña) y extranjeras actuales e históricas, los posibles escenarios resultantes de la introducción de la infección en jabalíes, incluido el impacto en la ganadería porcina y, en general, en la economía italiana, han llevado a estimar que para un solo brote de PPA supondría la pérdida de más de 5.000 puestos de trabajo, así como el sacrificio de miles de cerdos y el bloqueo de las exportaciones de carne de cerdo y embutidos.

En el control y erradicación de la enfermedad, la eliminación eficaz y segura de las canales infectadas de animales muertos juega un papel crucial, dada la extrema resistencia ambiental del virus que sobrevive, por ejemplo, en la carne infectada, hasta por 4 años.

Precisamente por ello, en lo que respecta a la PPA, la presencia de cadáveres en el territorio representa una de las principales causas de mantenimiento de la enfermedad en el territorio, y su disposición es uno de los objetivos más importantes para la contención de la enfermedad.

Desde principios de 2015, con diversas directivas europeas, se ha puesto de relieve el papel epidemiológico de las canales en el mantenimiento de la patología en el territorio, y su identificación y posterior eliminación según buenas prácticas, son estrategias contempladas en el listado de medidas a implementar para control de la peste porcina africana en jabalí en la UE.

En ausencia de situaciones patológicas, la mortalidad natural de los jabalíes representa alrededor del 10% (Keuling et al., 2013; Toigo et al., 2008). La fiabilidad del sistema de señalización de canales, y por tanto la detección de la PPA durante la invasión e incursión del virus en la población, se mide por el número de jabalíes muertos encontrados en el territorio.

Sin embargo, por lo general, solo un pequeño porcentaje de los cadáveres (<10 %) se encuentran y se destruyen de forma segura en la mayoría de los hábitats de los jabalíes (EFSA, 2015), por lo que el virus se detecta bastante tarde, ya durante el período epidémico, después de una invasión exitosa. .

En la práctica, lo que se percibe como la fase de invasión (por ejemplo, la primera detección de un cadáver infectado) es en realidad el inicio, a veces incluso el pico, de una epidemia silenciosa con una gran cantidad de cadáveres infectados ya ampliamente presentes en el área.

Los informes de la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) sugieren emplear cazadores y silvicultores, reconocidos como los principales conocedores de las zonas donde hay presencia de jabalí, para la búsqueda activa de cadáveres.

Sin embargo, la inaccesibilidad de algunos lugares (matorral densamente denso, zarzas, pantanos, etc.) dificulta que los operadores vean y encuentren los cadáveres.

Además, es difícil operar a grandes escalas espaciales exclusivamente con estos operadores.

Habiendo entrado en la fase epidémica posterior, debido al papel epidemiológico que juegan los cadáveres, la simple reducción de la densidad de población de jabalíes tiene un valor accesorio si los cadáveres no son localizados y retirados de forma segura; la presencia de canales infectadas permite la persistencia continua del virus en el medio ambiente incluso si la población de jabalíes infectados se maneja a una densidad extremadamente baja. Durante esta etapa, las posibilidades de erradicar la enfermedad son extremadamente bajas debido a la gran cantidad de jabalíes infectados presentes. Es solo en la fase endémica posterior que la infección tiene cierta probabilidad de ser erradicada, pero si y solo si, además de una drástica reducción de la población huésped, se realiza una eficiente remoción de los cadáveres bajo estrictas medidas de bioseguridad.

Ser capaz de detectar rápidamente los cadáveres de jabalí es, por tanto, fundamental en el contexto de las estrategias de prevención y control de la PPA, y es por ello que ENCI ha llevado a cabo este primer proyecto experimental para la preparación de perros detectores, entrenados para la detección de cadáveres de jabalí.

 

Nariz perro
Plano sagital izquierdo resaltando la anatomía asociada al olfato. Crédito de la foto: Adrien-Maxence Hespel, Universidad de Tennessee. (B) Vista exterior izquierda que muestra la ubicación de las estructuras interiores asociadas con el olfato.

 

Estos perros, de hecho, tienen un potencial de uso mucho más amplio que el uso de operadores humanos, y se puede resumir en los siguientes puntos

  • mayor eficacia: al utilizar el sentido del olfato en lugar de los parámetros visuales, el perro puede, de hecho, inspeccionar las áreas sujetas a investigación más rápidamente, incluso aquellas que son de difícil acceso y tránsito;
  • seguimiento no invasivo: el trabajo de un perro de detección se lleva a cabo bajo el control del guía y en silencio, para limitar la perturbación de la fauna no objetivo presente en las áreas de seguimiento y reducir el riesgo de una posible eliminación, durante mucho tiempo distancias, desde esta área;
  • ausencia de contacto con el objetivo de investigación: los perros están entrenados en la llamada «señalización pasiva», es decir, señalar la presencia del objetivo inmovilizándolo o sentándose cerca de él sin tener ningún contacto con él;
  • posibilidad de cubrir el área de investigación de una manera más amplia, eficaz y rápida, especialmente en el caso de vegetación densa;
  • reducción potencial en el uso del personal

El seguimiento, en el ámbito de la salud, realizado con la ayuda de perros detectores parece, por tanto, constituir una respuesta rápida y eficaz a los problemas relacionados con la necesidad de encontrar cadáveres de animales que representan el punto central de un programa en el que la alerta temprana es esencial para reducir los enormes impactos que esta enfermedad puede causar tanto a las actividades humanas como a la especie y cuánto depende de ella.