Fauna bajo la tierra

Cuando pensamos en un mamífero es común pensar en alguno que viva sobre la superficie de la tierra, aunque como hemos mencionado en emisiones pasadas, los mamíferos evolucionaron y adaptaron sus estructuras físicas para conquistar diversos ambientes. Si bien dominaron el ambiente terrestre, había otro sub-nicho dentro de éste que es poco o nulamente usado por los demás vertebrados: el ambiente subterráneo.

En adición a los mamíferos prácticamente no hay otros vertebrados que realicen todo su ciclo de vida debajo del suelo. Muchas especies de vertebrados construyen madrigueras para realizar algunas de sus actividades cotidianas, como descansar, alimentarse, dar a luz a sus crías, guarderías, para resguardarse del clima o de sus depredadores. Algunos pasan varios días o meses debajo del suelo, como los anfibios, que se entierran para pasar las temporadas secas. En cuanto la lluvia comienza a caer, salen de su sepultura, debido a que ya habrá alimento disponible y condiciones climáticas más favorables para desarrollarse y reproducirse. Una cosa es pasar unas horas o incluso una temporada bajo la tierra, pero ¿qué implicaciones conlleva el vivir por completo allí debajo?

En el caso de los mamíferos hipogeos, fosoriales o subterráneos, tuvieron que adaptarse y modificar varias de sus estructuras. El primer registro conocido de un roedor con hábitos subterráneos data de final del Eoceno, hace aproximadamente 40 millones de años. La radiación adaptativa de estas especies sucedió durante el Oligoceno, y la diversidad de muchos de los grupos que conocemos actualmente surgieron hace unos 5-15 millones de años. Pero ¿qué hizo que las especies se mudaran debajo del suelo? La causa más probable, como la conquista de los otros nichos, era la presencia de alimento disponible como insectos, lombrices, raíces de plantas, entre otros y la ausencia de competencia.

La vida dentro de los túneles tuvo repercusiones en la modificación de algunas estructuras físicas como es el caso de: un rostro más aguzado, para poderse desplazar mejor en cavidades tubulares. La reducción o desaparición del pabellón de sus orejas, debido a que, al no recibir el sonido por medio del aire, las pinas dejan de ser necesarias. La reducción o incluso también la pérdida de los ojos, debido a que dentro de la oscuridad total de los túneles dejan de ser necesarios, incluso en algunas especies el párpado se fusiona y los ojos quedan debajo de la piel. Aquellas especies que tienen actividad ocasional en la superficie conservan los ojos, pero muy reducidos. En otras especies hay un cambio notable en la cantidad de pelo que tienen alrededor de los ojos. El incremento del pelo al alrededor de ojos y orejas contribuye a su protección para evitar que partículas de suelo entren a su cuerpo.

Las especies hipogeas tienen el sentido del olfato y tacto altamente desarrollado. Un ejemplo es el topo nariz de estrella (Condylura cristata). El cual posee en la nariz entre 10 y 12 terminaciones de tegumento, que se asemeja a una estrella, de allí su nombre. Estas terminaciones carnosas son principalmente sensoriales con las que pueden localizar a sus presas entre el sustrato mientras van excavando sus túneles. Esta estructura posee muchos sensores táctiles, hasta cinco veces más en comparación con las que posee una mano humana. Les resulta de gran utilidad para encontrar a sus presas en la oscuridad de los túneles donde el sentido del tacto tiene más importancia que el de la vista, oído y olfato. En otras especies subterráneas las fosas nasales abren hacia los lados en vez de hacia el frente para evitar “respirar” tierra.

Al interior de sus sistemas funcionales y órganos, las especies de mamíferos fosoriales también tuvieron que adaptarse. Una de las más importantes es el poder reducir sus tasas metabólicas basales. Esto tiene dos implicaciones, la primera es que la cantidad de oxígeno presente en lo túneles es mucho más reducida que la existente al exterior y la segunda es que les ayuda a compensar los altos costos de energía que implican el estar excavando para forrajear o buscar comida todo el tiempo. Además, deben ser muy eficientes para conservar la temperatura corporal, ya que debajo del suelo el microambiente es más húmedo y tiende a tener una menor temperatura.

Lo más crítico era llegar debajo del suelo ¿cómo lo hicieron? Es por ello que desarrollaron algunas herramientas que les ayudaran mover el sustrato, por lo que necesitaban “palas” para poder excavar. La adaptación más notoria es la modificación de sus extremidades. Las especies que excavan poseen largas y fuertes garras que se encuentran en una perfecta posición para poder remover la tierra hacia los costados o por debajo del cuerpo. Los topos europeos (Talpa europaea) son capaces de cavar 20 metros al día y construyen todo un sistema de túneles que pueden cubrir un área de hasta medio kilómetro. Esta especie se caracteriza por ser organismos solitarios y muestran una conducta agresiva si por error algún vecino se atraviesa en su túnel.

Otra modificación menos evidente es la de sus dientes incisivos. Los que son muy largos y algo curvos, y utilizan como cincel cuando el suelo se vuelve un poco más duro. También les sirven para morder las fuertes raíces de la vegetación y abrirse paso o alimentarse de ellas. Este cambio no solamente afecta a los dientes incisivos, sino que hay una serie de cambios en el cráneo para que estas estructuras puedan posicionarse correcta y útilmente. Siendo principalmente los músculos asociados al sistema masticatorio que ayudan a cerrar las mandíbulas los que se encuentran altamente desarrollados, para que el mecanismo de excavar tenga la fuerza suficiente.

Todas las adaptaciones estructurales de los organismos que viven debajo del suelo se presentan en mayor o menor manera, debido a que el tipo de suelo es un factor determinante. No es lo mismo vivir en un ambiente con un suelo arenoso y seco, que en uno arcilloso o en uno rocoso. Las herramientas corporales también se adaptaron a cada uno de estos suelos. Dependiendo del tipo de suelo y microhábitat, las especies de mamíferos subterráneos pueden presentar desarrolladas y modificadas una o ambas estructuras que les ayudan a excavar.

Los mamíferos han logrado vivir en prácticamente todos los ambientes del planeta, gracias a las adaptaciones y modificaciones que sus cuerpos han logrado; con esto también han cambiado algunos hábitos y conductas.

 

Autores: Alina Gabriela Monroy-Gamboa y Sergio Ticul Álvarez-Castañeda

Fuente: CIBNOR

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