En 2015 PACMA denunció que cuatro cazadores rehaleros de Huelva habían amputado las orejas a sus 161 perros de forma casera, sin ningún tipo de garantía sanitaria, poniendo en peligro las vidas de los animales, y sin la intervención de ningún profesional veterinario. Posteriormente, una veterinaria colegiada del Ilustre Colegio de Veterinarios de Huelva, titular de una clínica, emitió falsos certificados con la finalidad de dar cobertura documental y legal a la aberración cometida por los cazadores, intentando ocultar las amputaciones ilegales, como si las hubiese realizado ella.

Desde entonces, hemos peleado en los tribunales la máxima condena posible para estos cazadores. Solicitamos que fuesen condenados por 161 delitos de maltrato animal, ya que consideramos que los daños causados a cada uno de los animales debían ser castigados. Nuestra defensa argumentó que el perjuicio se había producido de forma particular para cada uno de los animales que fue amputado sin anestesia, causándoles un tremendo dolor y daños posteriores.

Aunque esta petición no ha sido admitida, los rehaleros y la veterinaria que les cubrió, emitiendo falsos documentos, han sido condenados.

 

Rehaleros condena Huelva

 

En la sentencia el juez recoge que «los acusados son conscientes de que con la legislación actual sus comportamientos son ilegales, pero lo siguen haciendo así porque se hace de toda la vida y porque es la mejor forma de garantizar el éxito de la rehala».

Con esto se pone en evidencia, una vez más, que quienes maltratan animales lo hacen porque pueden, porque lo han hecho siempre y porque nadie les ha parado los pies hasta ahora.

Aquí radica la importancia de denunciar. Porque aunque las penas sean laxas, solo conseguiremos que el maltrato animal desaparezca en el momento en que cualquier delito de este tipo no sea gratuito. En el momento en que quienes actúan así «porque se hace así de toda la vida» sean conscientes de que están vigilados y no son impunes.

Los rehaleros han sido condenados a un año de prisión, a la que probablemente no lleguen a entrar. Por su parte, la facultativa veterinaria, acusada de un delito de libramiento de certificado falso, solo pagará una multa de doce meses con una cuota diaria de seis euros. La condena es vergonzosa e insuficiente, pero sienta un importante precedente.

La amputación de orejas, una horrible práctica habitual en la caza

Como se refleja en la sentencia, lejos de sentirse culpables por haber lesionado y puesto en peligro a 161 perros, los rehaleros alegaron que es costumbre y tradición. Uno de los acusados manifestó que «lo hizo porque se hace así de toda la vida y a los perros les beneficia porque en el monte se les pueden rajar las orejas». Aseguran que así los perros pueden cumplir mejor la función para la que son criados: la caza.

Es un ejemplo más de cómo tratan los cazadores a los animales. Mutilar a cientos de animales para emplearlos como herramientas para perseguir, disparar y matar a otros animales les parece tradición y costumbre.

La práctica cinegética es una actividad cruel que acaba con la vida de millones de animales cada año y que emplea a otros tantos como si fuesen objetos, condenándolos a una vida de maltrato. Mientras la caza siga siendo legal, la existencia de estos animales será un infierno.

 

Fuente: PACMA