¿Cómo proteger a nuestras mascotas de los cambios de clima?

27 Ene 2014

Los cambios de clima pueden afectar a nuestras mascotas más de lo que pensamos. Pasar de temperaturas elevadas a ambientes fríos, los cambios bruscos de humedad, la lluvia, el viento o las olas de calor pueden alterar su bienestar y favorecer determinados problemas de salud.

Aunque perros y gatos cuentan con mecanismos naturales para adaptarse a las variaciones ambientales, no todos los animales tienen la misma capacidad de adaptación. La edad, el tamaño, el tipo de pelo, la raza, el estado de salud y las condiciones en las que vive cada animal son factores que debemos tener en cuenta.

Por eso, cuando cambia el tiempo, también debemos adaptar sus cuidados.

 

¿Cómo afectan los cambios de temperatura a perros y gatos?

Los animales regulan su temperatura corporal de manera diferente a las personas. En los perros, por ejemplo, el jadeo desempeña un papel fundamental para eliminar calor, mientras que los gatos utilizan principalmente el acicalamiento y buscan lugares donde regular su temperatura.

Ante un cambio repentino de temperatura pueden aparecer apatía, temblores, jadeo excesivo, menor actividad, pérdida de apetito o cambios en el comportamiento.

Los animales más vulnerables son:

    • Cachorros y gatitos.
    • Perros y gatos de edad avanzada.
    • Animales con sobrepeso.
    • Razas braquicéfalas, como el Bulldog, Carlino o gato Persa.
    • Animales con enfermedades cardíacas o respiratorias.
    • Mascotas con problemas de movilidad.
    • Animales con poco pelo o con un manto especialmente fino.
    • Animales que viven habitualmente en interiores y están poco acostumbrados a las variaciones térmicas.

 

En épocas de calor

Durante los meses cálidos debemos extremar las precauciones. El animal debe disponer siempre de agua limpia y fresca, además de un lugar protegido del sol y correctamente ventilado.

En el caso de los perros, es preferible evitar los paseos durante las horas de mayor temperatura. El asfalto puede alcanzar temperaturas muy elevadas y provocar quemaduras en las almohadillas.

También debemos evitar dejar a una mascota dentro de un vehículo, aunque sea durante unos minutos y aunque las ventanillas estén parcialmente abiertas. La temperatura del interior puede aumentar rápidamente y provocar un golpe de calor potencialmente mortal.

El ejercicio intenso debe reducirse cuando las temperaturas sean elevadas. Esto es especialmente importante en perros braquicéfalos, animales mayores y aquellos que presentan problemas respiratorios.

 

Cuando llega el frío

Con temperaturas bajas debemos proporcionar a nuestras mascotas un espacio seco, confortable y protegido de las corrientes de aire.

Los perros que viven en el exterior necesitan un refugio adecuado, aislado de la humedad y del viento. No basta con colocar una caseta si esta no ofrece una protección real frente a las condiciones meteorológicas.

Los animales de pelo corto, pequeños, mayores o especialmente sensibles al frío pueden necesitar protección adicional durante los paseos. Sin embargo, no debemos abrigarlos indiscriminadamente: el tipo de prenda y su utilización deben adaptarse a las características del animal y a las condiciones ambientales.

Después de un paseo bajo la lluvia conviene secar bien el pelo, prestando especial atención a las patas, la zona abdominal y los espacios entre los dedos.

Gatos frío

 

La humedad y la lluvia también importan

No solo debemos fijarnos en el termómetro. La humedad elevada puede hacer que el calor resulte más difícil de soportar, mientras que la combinación de frío y humedad puede aumentar la sensación térmica y resultar especialmente incómoda para algunos animales.

En los perros, además, caminar repetidamente con las patas húmedas puede favorecer irritaciones. Es recomendable revisar las almohadillas después de los paseos y mantenerlas limpias y secas.

 

¿Qué ocurre con los cambios bruscos?

Uno de los principales problemas no es necesariamente una temperatura concreta, sino pasar rápidamente de un ambiente a otro con una diferencia térmica importante.

Por ejemplo, entrar desde la calle muy calurosa en un espacio excesivamente climatizado o salir de una vivienda muy caliente directamente a temperaturas exteriores muy bajas supone un cambio importante para el organismo.

Siempre que sea posible, debemos procurar que las transiciones sean progresivas y evitar temperaturas interiores extremas.

 

Cuidado con la calefacción y el aire acondicionado

La climatización puede mejorar considerablemente el confort de nuestras mascotas, pero debemos utilizarla con sentido común.

El aire acondicionado no debería incidir directamente sobre el animal y tampoco es recomendable mantener una diferencia exagerada entre la temperatura exterior y la interior.

En invierno ocurre algo similar con la calefacción. Un ambiente excesivamente seco puede favorecer molestias en la piel y las vías respiratorias. Además, debemos impedir que perros, gatos y otros animales puedan acercarse demasiado a radiadores, estufas o sistemas de calefacción que puedan provocar quemaduras.

 

Los paseos también deben adaptarse

No debemos mantener exactamente la misma rutina durante todo el año.

Con calor intenso, los paseos deben realizarse preferentemente a primera hora de la mañana o al atardecer, evitando las horas centrales del día.

Cuando hace mucho frío, lluvia intensa o viento fuerte, podemos reducir la duración de las salidas y compensarlo con actividades de estimulación mental dentro de casa.

En cualquier estación es importante observar al animal. Si muestra signos de cansancio, intenta regresar, tiembla, jadea de forma exagerada o presenta un comportamiento diferente al habitual, debemos prestar atención.

 

Alimentación e hidratación

Una correcta hidratación es fundamental durante todo el año, pero adquiere especial importancia con temperaturas elevadas.

El agua debe estar siempre disponible y debemos comprobar que el animal realmente está bebiendo con normalidad.

En cuanto a la alimentación, no debemos realizar cambios importantes de dieta simplemente porque cambie la estación. Cualquier modificación debe hacerse de forma progresiva y teniendo en cuenta las necesidades individuales del animal.

 

También debemos proteger a otras mascotas

Estas recomendaciones no se limitan a perros y gatos. Aves, pequeños mamíferos, reptiles y otros animales mantenidos en cautividad también necesitan unas condiciones ambientales adecuadas.

En especies que dependen de la temperatura ambiental para regular su metabolismo, como ocurre con muchos reptiles, una variación inadecuada puede tener consecuencias importantes.

Por ello, cada especie necesita unos parámetros específicos de temperatura, humedad, ventilación, iluminación y refugio. No debemos aplicar a todos los animales las mismas medidas.

 

¿Cuándo debemos acudir al veterinario?

Debemos consultar con un veterinario si después de una exposición al frío o al calor nuestra mascota presenta síntomas como:

  • Dificultad para respirar.
  • Jadeo intenso o que no desaparece.
  • Debilidad o desorientación.
  • Temblores persistentes.
  • Vómitos o diarrea.
  • Desmayo o pérdida de conocimiento.
  • Encías muy pálidas, azuladas o excesivamente rojas.
  • Temperatura corporal anormal.
  • Comportamiento claramente diferente al habitual.

Ante una sospecha de golpe de calor o hipotermia, no debemos esperar a que los síntomas desaparezcan por sí solos. Son situaciones que pueden convertirse rápidamente en una emergencia veterinaria.

 

Adaptarnos nosotros para protegerlos

Los cambios de clima forman parte de la vida cotidiana y nuestras mascotas pueden adaptarse a ellos si les proporcionamos unas condiciones adecuadas.

La clave está en observar al animal, anticiparnos a las condiciones meteorológicas y adaptar su rutina. Agua disponible, refugio adecuado, paseos en horarios seguros, protección frente a temperaturas extremas y vigilancia de cualquier cambio de comportamiento son medidas sencillas que pueden marcar una gran diferencia.

Cada animal es diferente. Por eso, ante temperaturas extremas o cuando existe alguna enfermedad previa, la recomendación del veterinario debe prevalecer sobre cualquier pauta general.

 

 

 

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