En 1986 entró en vigor la moratoria global sobre la caza comercial de grandes ballenas impulsada por la Comisión Ballenera Internacional. Cuatro décadas después, el balance es ambivalente: aunque la caza industrial dejó de ser la principal amenaza, muchas poblaciones de grandes cetáceos continúan en una situación crítica debido a presiones humanas acumulativas.
Organizaciones como Ecologistas en Acción y OceanCare advierten de que especies emblemáticas como la ballena azul o el rorcual común siguen gravemente amenazadas en distintas regiones, incluido el Mediterráneo y Canarias.
A ellas se suman otros grandes cetáceos como el cachalote, así como odontocetos de menor tamaño —calderones, zifios, marsopas y delfines— que no están cubiertos por la moratoria ballenera y que sufren igualmente el impacto del tráfico marítimo, la contaminación acústica, la degradación del hábitat y el cambio climático.

Especies en situación más crítica
Entre los casos más preocupantes en aguas españolas destacan:
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El rorcual común del Mediterráneo.
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La ballena vasca del Atlántico Norte, una de las especies más amenazadas del planeta.
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Las orcas del Estrecho de Gibraltar y el Golfo de Cádiz.
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El cachalote del Mediterráneo.
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La marsopa común.
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El zifio de Cuvier.
En varios de estos casos, las poblaciones son reducidas, fragmentadas y vulnerables a impactos acumulativos que comprometen su viabilidad demográfica a medio plazo.

Avances legales, pero protección insuficiente
España ha ampliado en los últimos años la red de espacios marinos protegidos relevantes para cetáceos. Entre ellos destacan:
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El Área Marina Protegida (AMP) Corredor de Migración de Cetáceos del Mediterráneo.
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Espacios Red Natura 2000 del Mar de Alborán.
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El Banco de Galicia.
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Varias Zonas de Especial Conservación (ZEC) en Canarias.
Además, en 2023 la Organización Marítima Internacional designó el Mediterráneo noroccidental como Zona Marina Especialmente Sensible (ZMES), siendo la primera ZMES creada con el objetivo explícito de reducir colisiones entre buques y ballenas.
Sin embargo, la medida adoptada se limitó a recomendar una reducción de velocidad a 10–13 nudos. Un estudio comparativo de OceanCare sobre el tráfico marítimo en 2023 y 2024 concluye que la mayoría de las navieras no están cumpliendo dicha recomendación, evidenciando que las medidas voluntarias resultan insuficientes.
La colisión con buques: principal amenaza en el Mediterráneo
Las colisiones con embarcaciones constituyen una de las principales causas de mortalidad no natural para grandes cetáceos en el Mediterráneo. A diferencia de otras regiones donde es posible desviar rutas, en el Corredor de Migración de Cetáceos esta estrategia no es eficaz: las ballenas utilizan el área de forma amplia y relativamente impredecible durante todo el año.
La reducción obligatoria de velocidad presenta, en cambio, una doble ventaja técnica:
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Disminuye la probabilidad y la severidad de colisiones.
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Reduce el ruido submarino radiado por los buques, mitigando el estrés acústico.
El ruido antropogénico afecta gravemente a especies que dependen del sonido para funciones vitales como la ecolocalización, la comunicación social y la búsqueda de alimento.
Reclasificación urgente en el catálogo español
Las organizaciones ecologistas reclaman la reclasificación de las subpoblaciones mediterráneas del rorcual común y del cachalote de “vulnerables” a “en peligro de extinción” dentro del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE) y del Catálogo Español de Especies Amenazadas (CEEA).
Esta actualización debería alinearse con:
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Las evaluaciones de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
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Las recomendaciones científicas del Comité de ACCOBAMS.
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Los compromisos asumidos por España en el seno de ACCOBAMS desde 2022.
Cuatro años después de esos compromisos, la modificación normativa aún no se ha materializado.
Canarias: riesgo de extinción local
El caso de las Islas Canarias resulta especialmente preocupante. El cachalote, especie residente en el archipiélago, afronta un riesgo creciente de colisiones en rutas de tráfico intenso. Sin medidas obligatorias de reducción de velocidad, las organizaciones alertan de un posible escenario de extinción local.

Un punto de inflexión en 2026
El plan de gestión del AMP Corredor de Migración de Cetáceos del Mediterráneo —cuya aprobación está prevista para junio de 2026 tras años de retraso— puede convertirse en un punto de inflexión real.
Ecologistas en Acción y OceanCare insisten en que el plan debe incluir:
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Límites de velocidad obligatorios y vinculantes para todo tipo de embarcaciones, incluidas recreativas.
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Sistemas de seguimiento y control efectivos.
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Medidas basadas en la mejor evidencia científica disponible.
El desafío no es detener el transporte marítimo, sino compatibilizarlo con la conservación de especies clave para la estabilidad ecológica de los océanos. Cuarenta años después de la moratoria ballenera, la supervivencia de las grandes ballenas ya no depende de arpones industriales, sino de decisiones regulatorias sobre velocidad, ruido y gestión del tráfico marítimo.
El tiempo de las recomendaciones voluntarias parece haber terminado.